El hilo rojo
Cuenta una leyenda corta proveniente de China que hace muchos años, un emperador pidió que fuese a su palacio una reputada bruja para que, mediante sus poderes mágicos, le mostrase con qué mujer se debía casar.
La bruja, gracias a sus cualidades, era capaz de
ver un larguísimo hilo rojo atado al meñique del emperador, y cuyo otro
extremo debería estar el meñique de aquella persona predestinada a ser la
futura esposa.
Así, la bruja y el emperador empezaron a rastrear el origen del hilo, hasta que después de viajar durante varias semanas vieron que este llevaba a una campesina pobre vestida con harapos y a cuyos brazos llevaba un bebé cubierto de suciedad.
Airado al verse a sí mismo
víctima de una broma, el emperador empujó a la campesina, cayéndole el bebé al
suelo y dejando una herida en la cabeza de este, y se volvió a palacio tras
ordenar el arresto de la bruja.
Muchos años después, tras ser
aconsejado por el consejo de sabios, el emperador decidió casarse con la hija
de un terrateniente del lugar; al iniciarse la ceremonia de boda y levantar el
velo que cubría el rostro de su futura esposa, vio en su frente una
cicatriz que le resultaba familiar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
gracias por escribir